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Empresa Limpieza Madrid |
En 1890 el químico alemán A.KRAFFT observo que determinadas partículas al mezclarse con el alcohol producían una espuma parecida a la del jabón.
Lo que en ese momento no tenía utilidad alguna se convirtió en un recurso cuando en la 1ª Guerra Mundial se produjo una escasez de grasas ya que se impuso un embargo de las mismas para evitar la fabricación de lubricantes.
Fue entonces cuando se dio uso al detergente, que obtuvo su despegue con las lavadoras automáticas hasta convertirse en el formato que conocemos hoy en día.
EL AGUA NO MOJA
Efectivamente EL AGUA NO MOJA, si entendemos por mojar la capacidad que tiene el agua, a nivel molecular, de romper la tensión superficial de la membrana de suciedad y penetrar, arrastrando los residuos a su paso.
Para entender esto mejor, podemos hacer un sencillo experimento casero en el que solo necesitaremos una hoja de papel, 10 gotas de agua y una gota de detergente. Con la hoja de papel sobre la mesa depositaremos una a una y con un gotero o pipeta las 10 gotas de agua hasta que se forme una gota de mayor tamaño que asombrosamente no penetra en el papel, no se desplaza sobre él y tampoco lo moja. Seguidamente depositaremos una gota de detergente sobre la gota grande de agua y veremos como esta se rompe y empapa definitivamente el papel.
Esto se debe a que el agua por sí sola no penetra a nivel molecular en los tejidos y es necesaria la presencia de un tensoactivo que rompa la membrana y permita que el agua se introduzca y cumpla su misión.
Del mismo modo podemos sacar otra lectura acerca del experimento y es que con poco detergente obtenemos el resultado deseado. Así, se hace innecesario cargar la mezcla preparada para limpiar, ahorrando en productos y conservando el medio ambiente.
LA LEJÍA CONDENADA A DESAPARECER
En Alemania está prohibido el uso de la lejía en la limpieza desde hace años y en un futuro no muy lejano le sucederá lo mismo en el resto de países de la U.E.
Esto se debe a que aunque la lejía es el desinfectante universal más eficaz y barato que existe hoy en día, desprende unas cloraminas cancerígenas y su poder desinfectante es puntual pero no preventivo. Lo ideal en materia sanitaria es que los desinfectantes que se utilicen, no solo combatan las bacterias si no que su acción se prolongue en el tiempo y eviten una nueva contaminación con los usos posteriores.
Además es necesario añadir el mal olor que queda en una estancia cuando el hipoclorito de la lejía se evapora. Es entonces cuando percibimos los vapores de los residuos que se generan.
Hoy en día existen una gran variedad de desinfectantes con propiedades altamente eficaces y eficientes que no generan los problemas de la lejía.
EN ESPAÑA LOS SUAVIZANTES HUELEN MÁS QUE SUAVIZAN Y LOS DETERGENTES CON AGENTES BLANQUEADORES NO LIMPIAN SI NO QUE OCULTAN LAS MANCHAS.
Sentimos decepcionar a aquellos que tenéis acceso a esta información pero por desgracia es así. Lo cierto es que tampoco es tan grave ni que los fabricantes nos estén engañando a los consumidores, pero en estudios de mercado llevados a cabo por las principales marcas de suavizantes se ha llegado a la conclusión de que en otros países de la Unión Europea prefieren aquellos que suavizan más aunque huelen menos. En España resulta al contrario, el mejor suavizante es aquel que huele mejor aunque sus propiedades originales sean menores.
Tanto es así que los fabricantes elaboran sus productos de distinta manera en el Reino Unido que en España, elaborando la mezcla con más agentes suavizantes que olorosos en el primero y viceversa en el segundo caso.
Por otro lado seguro que todos recordamos los anuncios de publicidad donde con el uso de ciertos detergentes, no solo se eliminan las manchas si no que se recupera el “blanco” del primer día.
Esto se debe a que, aparte de limpiar como todos los demás, crean una película de color blanco que se adhiere a la superficie de la fibra y disimula su verdadero aspecto. Como ejemplo de ello basta recordar el primer día que estrenamos una camisa blanca. Cuando nos la quitamos, el cuello no parece sucio, cosa que sí parece cuando ya la hemos usado y lavado varias veces aunque estemos seguros de que nuestra higiene personal es impecable.
También servirá de ejemplo ese mantel que solo usamos en ocasiones especiales. Lo lavamos, desaparecen las manchas, lo guardamos en el cajón y cuando lo volvemos a usar pasado el tiempo comprobamos con asombro como se han reproducido aquellas manchas de la comida anterior. Esto se debe a que con el paso del tiempo, los “agentes blanqueadores” se deterioran y se desprenden de la fibra, dejando a la vista su estado anterior.
